Amazon Watch

2026: Un año de decisiones para la Amazonía

27 de enero de 2026 | Raphael Hoetmer | La Amazonia en la mira

Crédito: Coletivo Apoena Audiovisual

El año 2026 se erige como uno de los años más decisivos en la historia reciente de la Amazonía. La humanidad ya ha cruzado seis límites planetarios, y la selva tropical más grande del mundo ha alcanzado un punto crítico. Más allá de este punto, vastas áreas corren el riesgo de perder sus funciones ecológicas, con consecuencias devastadoras para el clima, la regulación de los ciclos hídricos y la vida en todas sus formas.

Esta no es una crisis aislada ni accidental. En esencia, refleja una crisis de valores e identidad. La economía global sigue reforzando los paradigmas que nos trajeron hasta aquí, tratando a la humanidad como algo separado del mundo vivo, competitivo en lugar de relacional. El neocolonialismo opera no solo mediante la extracción, sino también limitando nuestro imaginario colectivo, socavando la posibilidad de futuros más allá de la sobreproducción, la desposesión y la dominación.

A medida que se expanden los mercados globales de carne, petróleo, oro, cocaína, los llamados minerales críticos y tierras raras, los territorios amazónicos se consideran cada vez más zonas de sacrificio al servicio de un modelo económico incompatible con la estabilidad planetaria. Frente a esta lógica, los pueblos indígenas no solo resisten. Defienden territorios y sostienen formas de relacionarse dentro de la red de la vida que desafían el modelo dominante desde sus raíces. Ofrecen no solo enfoques alternativos de gobernanza y seguridad, sino también otras formas de ser humanos.

A continuación se presentan siete desafíos interconectados que Amazon Watch Considera fundamental comprender lo que está en juego. Lo que ocurra en 2026 determinará si la justicia climática sigue siendo posible o se convierte en un eslogan vacío.

1. Geopolítica, multilateralismo o intervencionismo renovado

La Amazonía se encuentra en una encrucijada entre la cooperación multilateral y un intervencionismo renovado. Marcos regionales como la Declaración de Belém y los acuerdos de Bogotá señalan un esfuerzo sin precedentes de los gobiernos amazónicos para abordar colectivamente los desafíos compartidos, como la deforestación, el crimen organizado y el colapso climático, con fundamento en el derecho internacional.

Al mismo tiempo, el auge de los enfoques securitarios, a menudo moldeados por potencias externas, amenaza con militarizar la región, mercantilizar la naturaleza y socavar la soberanía. El reciente secuestro de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. expone los crecientes riesgos de las doctrinas intervencionistas. La función de posibilidad de estrategias de seguridad Siguiendo el modelo del Plan Colombia, cuyo objetivo es extender el control externo sobre la Amazonia y sus recursos, es muy real.

La historia demuestra que la militarización no protege los bosques. Desplaza la violencia, profundiza los conflictos y erosiona la gobernanza indígena y comunitaria. El futuro de la Amazonía depende del rechazo de las fuerzas coloniales como principio rector y de la reafirmación de la soberanía, la cooperación y los enfoques basados ​​en los derechos.

2. El petróleo y el camino de la transición

El petróleo sigue siendo una de las fuerzas más destructivas en la Amazonía, impulsando la contaminación, los conflictos y daños sociales y ecológicos a largo plazo. En 2025, avanzaron nuevos planes petroleros en Brasil y Ecuador, mientras que Resistencia indígena volvió a frenar el Bloque 64 en PerúEn 2026, las rondas petroleras Subandinas y del Sur de Ecuador amenazan con reavivar los conflictos regionales con Naciones indígenas defendiendo sus territorios.

Los gobiernos se enfrentan a una disyuntiva: profundizar la dependencia de los combustibles fósiles o escuchar a quienes protegen los bosques de daños irreversibles. No existe una transición energética justa basada en el despojo indígena ni en zonas de sacrificio ecológico.

Pero resistirse a nuevos proyectos no es suficiente. Décadas de explotación petrolera, gran parte de ella posibilitada por miles de millones de dólares en financiación de... instituciones financieras internacionales, han dejado profundas deudas ambientales y de derechos humanos que siguen sin resolverse. En Colombia, el gobierno aún tiene la obligación de implementar la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre los daños relacionados con el petróleo, una oportunidad que podría marcar un punto de inflexión en la forma en que la región enfrenta y repara las injusticias históricas. Mientras tanto, corporaciones como Chevron sigue evadiendo su responsabilidad por la contaminación masiva.

Después de la COP30, el mundo no puede fingir que la expansión petrolera es compatible con la seguridad climática. La verdadera seguridad implica reducir rápidamente la dependencia del carbón, el petróleo y el gas. Primera Conferencia Internacional sobre la Eliminación Progresiva de los Combustibles FósilesLa reunión, que se celebrará en Santa Marta, Colombia, será una prueba decisiva de voluntad política. California, un importante importador de crudo amazónico, tiene la opción de participar en este proceso, tanto a nivel internacional como nacional, a medida que el Senado estatal avanza en la implementación de la SR51, solicitando una investigación sobre el enorme papel de California en el consumo de crudo amazónico y las vías para la eliminación gradual de las importaciones.

3. Elecciones y voluntad política: la democracia bajo presión

Las elecciones presidenciales en Brasil, Colombia y Perú definirán decisivamente el futuro de la Amazonia. Colombia ha declarado la Amazonía como zona prohibida para nuevas extracciones, pero su implementación sigue siendo frágilBrasil ha fortalecido algunas protecciones ambientales al tiempo que promueve nuevos proyectos de combustibles fósiles y minería. Perú ha debilitado sistemáticamente la gobernanza ambiental y facilitado la expansión de economías ilícitas.

Estas elecciones determinarán si los gobiernos fortalecen la protección y la cooperación regional o profundizan la desregulación y la extracción.

La Amazonia se ha convertido en una prueba para la democracia misma, ya sea que los gobiernos actúen en interés público o al servicio del poder extractivo e incluso de las economías ilícitas.

4. Crimen organizado, falsas soluciones y seguridad ambiental

La minería ilegal, la tala ilegal, el acaparamiento de tierras y el narcotráfico se encuentran entre las amenazas de mayor crecimiento para la Amazonía. El reconocimiento por sí solo no basta. Las respuestas militarizadas y securitizadas han fracasado repetidamente, a menudo incrementando la violencia y dejando intactas las redes criminales.

Las soluciones sostenibles deben centrarse en la gobernanza territorial indígena, el control comunitario y la cooperación regional.Los compromisos asumidos en Belém y Bogotá ofrecen una hoja de ruta, pero 2026 determinará si los gobiernos van más allá de la retórica y enfrentan los delitos ambientales como una crisis política, económica y ecológica estructural, no meramente un problema de seguridad.

Esto requerirá que la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica lidere un proceso participativo para construir estrategias integrales de seguridad regional, fortalecer la gobernanza territorial indígena y apoyar alternativas económicas.

A nivel mundial, las negociaciones en el marco de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional ofrecen la oportunidad de tratar los delitos ambientales como delitos transnacionales graves. En 2026, debe avanzarse una hoja de ruta concreta hacia un protocolo contra los delitos que afectan al medio ambiente, con la participación de los pueblos indígenas.

5. Minerales críticos y nuevas fronteras extractivas

A medida que se acelera la demanda mundial de los llamados minerales críticos y tierras raras, la presión sobre la Amazonía se intensifica. Bajo el lema de la transición verde, se están mapeando nuevas zonas de sacrificio en toda la región, extendiendo la misma lógica extractiva que históricamente ha impulsado el despojo, el desplazamiento y la violencia.

Esto no supone una ruptura con el pasado, sino la expansión del capitalismo verde, un modelo económico que replantea la extracción como acción climática, al tiempo que traslada sus costos sociales y ecológicos al Sur Global. Sin salvaguardias sólidas, consentimiento libre, previo e informado, y protección plena para los territorios y defensores indígenas, la llamada transición corre el riesgo de profundizar la injusticia.

Una transición justa en 2026 no puede construirse sobre concesiones mineras impuestas. Debe afrontar el consumo excesivo, reducir la demanda de materiales y centrar la autodeterminación indígena como base innegociable de las soluciones climáticas.

6. Agronegocios, soja y expansión de infraestructura

La agroindustria, en particular las cadenas de suministro de soja y ganado, sigue siendo uno de los factores más poderosos y menos cuestionados de la destrucción de la Amazonia, especialmente en Brasil. Enmarcada como desarrollo o seguridad alimentaria, la expansión de la agroindustria es inseparable del acaparamiento de tierras, la deforestación y la violencia contra los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales.

Megaproyectos de infraestructura como FerrogrãoJunto con las vías fluviales industriales y los puertos de exportación, están diseñados para abastecer los mercados globales de materias primas. Destruyen bosques, contaminan ríos y consolidan un modelo económico que trata la Amazonía como un corredor logístico en lugar de un territorio vivo.

Sin confrontar el poder político de la agroindustria y su influencia sobre las políticas de uso de la tierra, mientras se promueven modelos económicos que priorizan a las personas sobre las ganancias, cualquier reclamo de protección de la Amazonía queda incompleto. Caravana de respuestas La visita a Belém para la COP30 marcó un hito crucial en la construcción de un frente unido que seguirá creciendo en 2026.

7. Los incendios y las políticas de prevención

Los incendios siguen siendo una amenaza inmediata y visibleNo se trata de desastres naturales, sino de consecuencias políticas impulsadas por el acaparamiento de tierras, la quema ilegal y la aplicación deficiente de la ley. La prevención, mediante la titulación de tierras, los sistemas de alerta temprana, la aplicación rigurosa de la ley y el apoyo a los cuerpos de bomberos indígenas y comunitarios, determinará si 2026 marca un punto de inflexión o si se convierte en otro año de catástrofe evitable.

Todos estos desafíos convergen en una verdad central. Los sistemas de conocimiento y gobernanza indígenas se encuentran entre las barreras más eficaces contra la deforestación, la violencia y la expansión extractiva.La protección de la Amazonía depende del pleno reconocimiento y garantía de los derechos, la autonomía y la autodeterminación de los indígenas.

Esto requiere más que compromisos simbólicos. Exige derechos territoriales seguros, protección para los defensores de la tierra, apoyo político y económicoy un respeto genuino por las instituciones indígenas. Sin estas condiciones, cualquier respuesta a la crisis amazónica será parcial y frágil.

2026 es un año de decisiones para la Amazonía.

POR FAVOR COMPARTE

URL corto

Donar

Amazon Watch se basa en más de 28 años de solidaridad radical y efectiva con los pueblos indígenas de toda la cuenca del Amazonas.

DONE AHORA

TOME ACCIÓN

¡FIRMA EL COMPROMISO PARA MANTENER LA AMAZONAS LIBRE DE EXTRACCIÓN!

TOME ACCIÓN

Manténgase Informado

Recibe el Ojo en el Amazonas en tu bandeja de entrada! Nunca compartiremos tu información con nadie más, y puedes darte de baja en cualquier momento.

Suscríbete