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Cómo las mujeres indígenas obligaron a Perú a revertir un peligroso retroceso en la justicia

3 de marzo de 2026 | Raphael Hoetmer | La Amazonia en la mira

Mujeres Awajún y Wampis se movilizan para reinstaurar fiscales especializados que atiendan la crisis de violencia sexual en la Amazonía peruana

Al comenzar el Mes de la Historia de la Mujer y acercarnos al Día Internacional de la Mujer este fin de semana, compartimos esta historia de la Amazonía peruana, donde las mujeres awajún y wampis han transformado el duelo en poder organizado, obligando al Estado a revertir un peligroso retroceso en los servicios de justicia para las sobrevivientes de violencia sexual. Su movilización no es simbólica. Es un recordatorio de que la historia de las mujeres se está escribiendo ahora, en tiempo real, por quienes insisten en que la justicia para las niñas indígenas no es opcional.

En Nieva, capital provincial de Condorcanqui, mujeres indígenas awajún y wampis salieron a las calles y a las riberas de los ríos para exigir justicia para las niñas y mujeres afectadas por la violencia sexual. Tras dos semanas de incidencia política coordinada y difusión en la prensa, su movilización obligó al estado peruano a revertir su decisión de cerrar fiscalías especializadas y servicios esenciales que atienden cientos de casos de abuso.

Años de organización del Consejo de Mujeres Awajún y Wampis dieron lugar a una investigación especializada sobre patrones y casos individuales de violencia sexual. Las persistentes denuncias del Consejo obligaron a las autoridades a afrontar lo que durante mucho tiempo habían ignorado como una crisis nacional. Sin embargo, esta lucha apenas comienza y requerirá solidaridad, visibilidad y presión continuas. Como explica Rosmery Picq, carismática líder del Consejo de Mujeres: «Denunciar no es suficiente. Las familias presentan denuncias, pero los procedimientos se retrasan, se cambian los fiscales, se suspenden las audiencias y las niñas tienen que repetir su historia una y otra vez. Eso también es violencia».

Cómo salió a la luz la crisis: Rompiendo el silencio

Condorcanqui, en la Amazonía peruana, enfrenta presiones superpuestas provenientes de la minería ilegal de oro, las rutas del narcotráfico, las incursiones extractivas y el abandono crónico del Estado. Estas dinámicas han profundizado la violencia estructural, en particular contra niñas y adolescentes indígenas.

A lo largo de varios años, el Consejo documentó testimonios en Río Santiago y Río Cenepa y descubrió cientos de casos de violencia sexual contra niñas awajún y wampis. Muchos casos presuntamente ocurrieron en o alrededor de internados estatales que atienden a comunidades remotas.

El Consejo expuso las fallas sistémicas que subyacen a la crisis: abusos vinculados a sistemas educativos deficientemente supervisados, barreras para denunciar debido a diferencias lingüísticas, discriminación, aislamiento geográfico y tasas alarmantemente altas de VIH y otras infecciones de transmisión sexual. Sus hallazgos también demostraron cómo la violencia de género se intensifica en territorios afectados por industrias extractivas y economías ilícitas, donde la corrupción y la impunidad son generalizadas y la cultura patriarcal sigue arraigada.

Al presentar documentación detallada del caso, testimonios de sobrevivientes y datos territoriales, el Consejo atrajo la atención de los medios nacionales e impulsó la inclusión del tema en la agenda política peruana. Ante la creciente presión pública, las autoridades establecieron fiscalías especializadas y unidades médico-legales en 2025 para abordar la violencia sexual en Condorcanqui.

Una respuesta lenta e insuficiente

Antes de que las autoridades crearan estas unidades especializadas, una sola fiscalía provincial gestionaba casi 800 casos de abuso sexual infantil y recibía cerca de seis nuevas denuncias al mes. Muchas investigaciones se estancaron y las familias se enfrentaron a enormes barreras logísticas y lingüísticas para acceder a la justicia. Las autoridades aumentaron la capacidad institucional y acercaron los servicios a los territorios con la creación de las nuevas oficinas especializadas.

Sin embargo, a pesar de los avances formales, la respuesta del Estado peruano a la crisis de violencia sexual en Condorcanqui ha arrojado pocos resultados concretos. El Ministerio Público aún tiene pendientes aproximadamente 800 casos de violencia sexual contra menores, muchos de ellos en etapa preliminar o preparatoria sin condenas firmes. Si bien el Ministerio de Educación ha separado temporalmente de sus cargos a algunos docentes acusados, las autoridades no han publicado información pública consolidada que muestre un número significativo de condenas penales firmes. Los informes indican que los funcionarios han trasladado a algunos docentes en lugar de sancionarlos o suspenderlos.

Estructuralmente, el gobierno no ha revertido los patrones de impunidad ni garantizado justicia integral y reparaciones para las sobrevivientes. Las investigaciones prolongadas, la rotación frecuente de fiscales y la insuficiencia de servicios psicosociales e interculturales siguen afectando a las víctimas y sus familias. Si bien las autoridades han otorgado algunas medidas de protección, las víctimas siguen reportando desconfianza en el sistema de justicia. No hay evidencia clara de una reducción significativa en los nuevos casos, lo que indica que las medidas actuales siguen siendo reactivas en lugar de estructurales o preventivas. 

Un retroceso peligroso y la resistencia indígena

La Junta de Fiscales Supremos amenazó abruptamente este limitado progreso al emitir la Resolución N.º 004-2026-MP-FN-JFS, que ordenó el cierre de las oficinas especializadas, alegando limitaciones presupuestarias. La decisión habría desmantelado los servicios coordinados, incluyendo el programa Warmi Ñan del Ministerio de la Mujer y el apoyo de la defensa pública, obligando a las sobrevivientes a recorrer largas distancias nuevamente en busca de justicia. 

Las mujeres indígenas recibieron un mensaje devastador: las autoridades trataron la seguridad de sus hijas como algo prescindible. Como dice Rosmery Piq: «Cuando cerraron las fiscalías especializadas, sentimos que nos decían que la violencia contra nuestras niñas no era una prioridad». 

El Consejo respondió de inmediato. Tras dos semanas de incidencia nacional, mujeres de diversas cuencas fluviales se congregaron en Nieva el 13 de febrero. Con el apoyo de las autoridades indígenas, exigieron la restitución. 

Su movilización tuvo éxito. El Ministerio Público revocó su decisión, y las fiscalías especializadas y las unidades médico-legales seguirán operando. Las investigaciones siguen activas, y las sobrevivientes conservan el acceso a los servicios de justicia. Para las mujeres awajún y wampis, esto es más que una corrección burocrática. Mantiene viva la esperanza de vida, dignidad y el derecho a la justicia en sus territorios ancestrales. Pero esa esperanza solo se hará realidad si la movilización y la presión pública continúan.

Amazon Watch en solidaridad

Amazon Watch Se solidariza con las mujeres Awajún y Wampis, amplificando sus demandas a nivel nacional e internacional y apoyando las iniciativas de movilización e incidencia que contribuyeron a la restitución. También hemos apoyado la construcción de un... maloca, Una casa comunal tradicional en Condorcanqui. La maloca ahora sirve como espacio de encuentro seguro para mujeres afectadas por la violencia, centro de asambleas y acompañamiento legal, y refugio para mujeres y niñas que buscan protección. Representa el cuidado colectivo y la gobernanza indígena, una respuesta territorial a la violencia sistémica. 

La lucha continúa

Si bien la reinstalación es una victoria crucial, persisten demandas urgentes:

  • Financiamiento permanente para fiscales especializados
  • Investigación completa de casi 800 casos pendientes
  • Sistemas de justicia intercultural arraigados en las lenguas y realidades indígenas
  • Medidas de prevención en internados e instituciones públicas
  • Respuestas a largo plazo a la prevalencia del VIH y las ITS

La movilización del 13 de febrero marca un punto de inflexión. Las mujeres awajún y wampis han demostrado que el liderazgo indígena organizado puede transformar la política nacional. Lograr un cambio real en el terreno requerirá una presión sostenida sobre las instituciones peruanas. 

La justicia para las niñas indígenas no es negociable.

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