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Ecuador: una elección decisiva para la Amazonía

13 de febrero de 2025 | Sofía Jarrín Hidalgo | Ojo al Amazonas

El 9 de febrero Ecuador celebró elecciones presidenciales En un contexto de crisis política, económica, social y de seguridad, los ecuatorianos volverán a las urnas el 13 de abril para una segunda vuelta electoral decisiva que podría afectar drásticamente la salud de la Amazonía ecuatoriana. 

Tanto el actual presidente Daniel Noboa como la candidata opositora Luisa González han respaldado el continuo extractivismo y la extracción de petróleo en la Amazonía, han debilitado la gobernanza territorial indígena y han aumentado la persecución política de sus oponentes.

El presidente Noboa, que obtuvo el 44.6% de los votos, ha liderado un mandato marcado por la militarización, la crisis energética y las violaciones de los derechos humanos. González, representante del movimiento político del expresidente Rafael Correa que obtuvo el 44.02% de los votos, presentó una plataforma de tendencia izquierdista para ampliar las políticas sociales, pero también tiene antecedentes de profundización del extractivismo, la corrupción y la persecución a sus adversarios. 

Sin embargo, el movimiento indígena liderado por Leonidas Iza, la tercera fuerza política del país que obtuvo el 5.24% de los votos, será clave para inclinar la balanza de las elecciones. Iza ha sido uno de los opositores más fuertes del extractivismo y las políticas de los gobiernos de derecha. En medio de la violencia estatal desenfrenada y el continuo El fracaso de la implementación del referendo popular del YasuníLa organización indígena y de primera línea solo se intensificará, manteniendo la lucha Acabar con el crudo amazónico y marcar el comienzo de una nueva era de justicia climática en el país. 

El legado de Noboa: militarización, crisis y represión

Daniel Noboa asumió la presidencia el 23 de noviembre de 2023, tras ganar una elección extraordinaria de “muerte cruzada” convocada por Guillermo Lasso, quien evitó así un juicio político por corrupción.

Desde el inicio de su mandato, Noboa enfrentó una crisis de seguridad sin precedentes, y convirtió a Ecuador en uno de los países más violentos del hemisferio. En respuesta, decretó un conflicto armado interno y lanzó Plan Fénix, una política de seguridad basada en la militarización del país, estados de excepción prolongados y un enorme aumento del gasto en seguridad.

Pese a su política de “mano dura”, los homicidios se han disparado. Este enero fue el mes más sangriento de la historia del país con 731 asesinatos, casi el doble de los 493 que se cometieron en enero de 2024.

Lo más alarmante ha sido el aumento de los abusos a los derechos humanos, las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales. Un caso emblemático ocurrió en diciembre de 2024, cuando cuatro Niños afrodescendientes, Josué Didier Arroyo Bustos, Ismael Arroyo Bustos, Steven Gerald Medina Lajones y Nehemías Saúl Arboleda Portocarrero, fueron detenidos por militares y trágicamente encontrados incinerados a 25 kilómetros de sus hogares.

El Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos denunció en su informe, Desapariciones forzadas en el contexto de la militarización en Ecuadorr que en 2024 se registraron 16 casos en la costa ecuatoriana, con 27 víctimas desaparecidas, 9 de ellas menores de edad. Estas cifras revelan una escalada sin precedentes de la represión estatal.

Esta crisis de seguridad se vio agravada por una grave crisis de energía, resultado de la falta de inversión en infraestructura hidroeléctrica y una prolongada sequía. Durante 2024, Ecuador sufrió múltiples apagones de hasta 14 horas diarias, afectando la economía con pérdidas millonarias. 

Consolidación del poder y amenaza a los derechos indígenas amazónicos

Durante 2024, Daniel Noboa consolidó su alineamiento con Estados Unidos, logrando acuerdos de seguridad y comercio, en un contexto en el que el gobierno ecuatoriano buscaba apoyo financiero internacional y respaldo político. En septiembre de 2024, Noboa presentó una iniciativa a la Corte Constitucional que potencialmente permitiría el establecimiento de bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano. 

Al mismo tiempo, a principios de febrero de 2025, Noboa propuso otra reforma constitucional eliminar el derecho a la consulta previa (art. 57) y el derecho a la resistencia (art. 98). Estas medidas debilitarían la capacidad de los pueblos indígenas y campesino comunidades para resistir proyectos extractivos en sus territorios ancestrales.

Este anuncio coincidió con la finalización de las negociaciones para la firma de un Tratado de Libre Comercio con Canadá, país cuyas empresas poseen vastas concesiones mineras en Ecuador, algunas de ellas vinculadas a la familia Noboa. Al mismo tiempo, su administración promovió su apertura a nuevas inversiones mineras extranjeras, que seguramente agudizarán los conflictos socioambientales en los territorios indígenas.

A este escenario se suma el aumento de la minería ilegal de oro, que se ha convertido en la actividad criminal más rentable en la Amazonía ecuatoriana. Según nuestro último informe, Oro, pandillas y gobernanza: comunidades indígenas bajo el yugo del crimen organizadoLas organizaciones criminales han comenzado a reinvertir las ganancias del narcotráfico en la extracción ilícita de oro debido a su alta rentabilidad y la facilidad con la que se negocia en los mercados internacionales. Esta dinámica ha desatado una feroz lucha por el control territorial, elevando los niveles de violencia, extorsión, reclutamiento y asesinatos en toda la región.

Además, el auge de la minería ilegal ha facilitado la expansión de otros mercados ilícitos, como el tráfico clandestino de mercurio, armas y drogas, lo que ha fortalecido a los grupos criminales que operan como fuerzas de protección dentro de los enclaves mineros. En este contexto, la combinación de políticas extractivistas, debilidad institucional y expansión del crimen organizado plantea una amenaza sin precedentes a la gobernanza territorial indígena y la estabilidad socioambiental en la Amazonía ecuatoriana.

¿El legado de Rafael Correa define a Luisa González?

La candidatura de Luisa González, del partido Revolución Ciudadana, representa la continuidad del correísmo, movimiento que gobernó Ecuador entre 2007 y 2017 bajo un modelo de masiva inversión pública, expansión de los servicios sociales y fuerte control estatal sobre sectores estratégicos. Su gestión se distinguió por un ejercicio vertical del poder, una narrativa confrontativa y una profunda polarización social.

En sus inicios, el correísmo se alineó con las demandas de los movimientos sociales, indígenas y ambientalistas, impulsando una agenda que ampliaba los servicios básicos y la infraestructura y reducía las desigualdades. Sin embargo, con el tiempo, el partido estuvo marcado por la promoción del extractivismo y múltiples conflictos y escándalos de corrupción.

Otra característica del gobierno de Correa fue la persecución política y la criminalización de las voces disidentes, lo que acentuó las fracturas al interior de la sociedad ecuatoriana. Un caso emblemático de su enfoque extractivista fue el intento de bloquear el referendo popular sobre la explotación petrolera en el Yasuní, que finalmente se realizó en 2023, casi una década después de su presidencia. 

En 2012, concedió la primera contrato de minería a gran escala al proyecto Mirador, una mina de cobre a cielo abierto operada por la empresa china Ecuacorrientes en el corazón de la Cordillera del Cóndor, pese a denuncias por la falta de consulta a los pueblos indígenas Shuar y otras comunidades de la zona. 

En la actualidad, el correísmo mantiene un sólido apoyo popular, especialmente en sectores que valoran su legado de inversión social. resultados electorales El movimiento muestra su resurgimiento, especialmente en la costa ecuatoriana. Sin embargo, el desafío es superar las acusaciones de corrupción y disipar los temores de un retorno a un modelo autoritario y polarizador, que en su momento restringió el pluralismo político y consolidó una estructura de poder basada en la confrontación y la centralización.

El movimiento indígena podría inclinar la balanza electoral

A pesar de haber obtenido apenas el 5.24% de los votos en la primera vuelta, Leonidas Iza y el movimiento indígena se perfilan como un actor clave en la definición del próximo gobierno. Su liderazgo al interior de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador y su trayectoria como uno de los principales opositores a las políticas neoliberales y al extractivismo lo posicionan como líder de una creciente resistencia social y política.

Históricamente, el movimiento indígena ha jugado un papel decisivo en los momentos de mayor tensión política en Ecuador, habiendo sido protagonista de levantamientos y movilizaciones populares que han influido en el rumbo del país. El movimiento seguirá jugando un papel crucial en la segunda vuelta electoral, pues su base de apoyo podría inclinar la balanza entre Noboa y González.

El desafío para el movimiento indígena radica en definir su estrategia en un escenario en el que ambos candidatos han apoyado el extractivismo, el uso de la fuerza pública para sofocar la protesta social y posiciones en oposición a los derechos indígenas. 

Mientras Noboa ha priorizado la militarización y la eliminación de la consulta previa, el correísmo, pese a haber impulsado políticas sociales, también ha apoyado un modelo económico basado en la expansión de la frontera petrolera y minera. 

A esto se suma el desafío de enfrentar la expansión del crimen organizado y la minería que se expande por los principales ríos de la Amazonía ecuatoriana, como el Napo y Zamora, y las discusiones climáticas que se concentrarán en la COP 30 en Belém, Brasil en noviembre de este año.

El dilema para el movimiento indígena será si adoptar una posición de neutralidad, apoyar a uno de los candidatos bajo condiciones específicas o promover el voto nulo como mensaje de rechazo al modelo político vigente. En todo caso, su capacidad de movilización y organización lo convierte en un factor decisivo en el resultado de estas elecciones y en el futuro de la Amazonía ecuatoriana.

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